No voy a pedir perdón

Disclaimer: Este es, por mucho, el post más vulnerable que he escrito, es lo más parecido a un clavado a mi mente y a mi corazón, pero lo hago porque sé que este tipo de experiencias no sólo me pasan y creo que agarrarme de conejillo de indias puede ayudarte a verte a ti misma cometiendo los mismos errores y porque quiero que me conozcas mejor.

Suspiro profundamente y empezamos…

Probablemente esto te suene:

Parte 1 aviso del drama

(Y si no te suena es porque no estás en mi lista de correo, así que apúntate aquí)

Bueno, pues este mega post es la parte 2. La historia de lo que pasó conmigo, mi mente y mis emociones la semana pasada. (Tip: sírvete un café o un té helado, porque este post no es pequeño con toda la intención).

Así empezó todo

Resulta que la semana pasada, alguien en un grupo cualquier de whatsapp al que pertenezco por circunstancias del destino, tuvo a bien hacer un comentario sobre mi modo de llevar el podcast. Dijo una serie de cosas desagradables, ninguna ofensiva, pero si lo suficientemente incómodo como para que yo parara la antena y sintiera que necesitaba defenderme.

La expresión que más me caló fue “a veces es tan cursi que no puedes soportarlo y dices “qué horror!”, luego entendí que lo que torpemente quiso decir es que el timing de cuando escuchas el programa es muy importante. Y es que dándole un poco de contexto, aunque no lo creas estaba hablando bien del programa, hasta lo estaba recomendando.

Y yo pensé:

Whatthafuck?! Con esas amigas para qué necesito más Trumps en el mundo?!

Eso fue, ese fue el comentario.

Y normalmente alguien diría “supéralo y no la peles” pero no es mi intención hacer un drama sino ponerme de “ejemplo” para que a través de lo que yo sentí, tú puedas identificarte siempre que alguien te hace algún mal comentario.

Tú sabes, lo has experimentado, que cuando te sientes expuesta en algún ámbito de tu vida, cualquier comentario va a moverte, aunque se relacione lejanamente, algo de ansiedad te generará.

HEmociones Mujer en el bosque

Lo que más deseo es contarte cómo se empezó a esparcir ese comentario por todo mi organismo, como un virus que infectó todo.

Voy a hacer todo lo posible por separar los momentos, que he llamado “fases” como dirían en la escuela, para su estudio, porque tú y yo sabemos que en presencia de un mal comentario o que te hace dudar de la forma en la que estás haciendo las cosas, todo sucede muy rápido y muy junto: en tus emociones, en tu mente, en tu cuerpo… explota la bomba y no sabes qué daños causa, hasta que haces el análisis postbombardeo.

Así que quiero revisar contigo todo el proceso de asimilación del comentario para que identifiques la fase en la que te atoras y puedas hacer algo para salir de ella. ¿Lista?

Fase 1: What the fuck?

 

wtf girl

 

Así, sin más, alguien avienta una bomba. Whaaat?!

No la esperabas, pensabas que te iban a decir algo constructivo, o incluso la persona no sabe que te acaba de hacer un comentario desagradable porque al no ser su intención, ni siquiera nota que te incomodó o te hizo sentir mal (esas son las peores, cuando tienes que decir: ¿te diste cuenta de lo que acabas de decir?)

Y lo que hacemos en esta primera fase es, aparentar. O nos reímos y pensamos que no es para tanto, o medio bromeamos con que qué cagada la fulanita que hizo el comentario, afirmamos condescendientemente que no fue con intención, nos enojamos diciendo que no le vas a dar más importancia… pero todos estos son modos de decir “no me duele, no me importa, ya lo superé”

Y digo yo… ¿cómo lo vas a superar si ni siquiera lo has dejado entrar en ti? Pero esta fase es el momento en el que, con lo que tenemos a la mano, le construimos una cerca al comentario para que no nos lastime. No sabemos cómo reaccionar y eso es un mecanismo de defensa.

Fase 2: ¿Será?

 

2.doubt

Aquí empieza lo bueno.

Es el momento en el que ese comentario mordaz logra colarse entre las grietas del muro bastante endeble que le construiste al principio (con la negación) y finalmente toca tu corazón.

La duda.

La frustración.

La inseguridad.

¿Tendrá razón? Y eso nos atormenta.

No importa si el comentario hablaba de ti o no, mientras toque un tema relacionado contigo, te empieza a importar: si habla sobre la forma en la que haces algo, sobre tu pareja, sobre tu trabajo, sobre tu empresa, sobre tu profesión y tus colegas, sobre tu país, sobre tu situación de vida aunque no sea directamente para ti el comentario, te sientes aludida y esta fase es cuando te preguntas ¿tendrá razón?

Una variable, para quienes no van directamente a la duda es ponerte a la defensiva. Esa duda dura unos segundos e inmediatamente la cubres diciendo “claro que no”, normalmente seguido de alguna grosería o algún ataque personal a quien hizo el comentario. Es lo mismo, al final es inseguridad que algunas personas tapan más rápido. Otras nos quedamos rumiándolas más tiempo pero el origen es el mismo.

Fase 3: La explosión

 

3.surprised

 

Finalmente… lo que no habías querido ver, te explota en la cara.

Cuando el comentario logra tocar tu corazón puede tener muchas reacciones en ti, dependiendo cuál sea tu emoción dominante. En mi libro “Qué hago con mis emociones” te cuento sobre las principales emociones incomodas que sentimos y cómo siempre tienen algo que contarnos, allí también puedes hacer un test para conocer tu emoción dominante, algo que recomiendo mucho si estás empezando a ponerte en contacto con tu vida emocional.

En mi caso, el proceso de reacciones emocionales es más o menos (no es una ciencia exacta) así:

Siento vergüenza porque alguien hizo notar que mi desempeño no es perfecto. No es nada nuevo, no es nada que no supiera, simplemente alguien lo señaló y me hace sentir insegura.

Siento enojo: quién carajos eres tú para hablar de mi y de mi podcast? tienes uno? está en el top 10? entonces qué te importa?

Siento nervios y culpa: me estoy justificando, en el fondo tiene razón… hago memoria, me acuerdo de frases que digo, de capítulos enteros, de mi modo de llevar el podcast… y pienso “si, la verdad es que si soy muy cursi”

Siento ansiedad y miedo: y si mi podcast deja de ser útil? Si de pronto se dan cuenta de que no soy tan chingona como piensan y deciden dejar de escucharme?

Siento enojo, parte 2: Me vale, que me dejen de escuchar, no me hacen ningún favor escuchándome

Siento culpa, parte 2: no estoy haciendo lo mejor que puedo ¿y si mi modo de hablar cursi impide cambiar la vida de alguien? si por la forma de hablar alejo a gente que podría beneficiarse de mis contenidos?

Siento agotamiento: porque ya pasó una hora y sigo paralizada entre tantas emociones, no he decidido nada, no he hecho nada, ni siquiera he contestado el comentario de whatsapp que lo inició todo. Estoy paralizada.

(PD: en este momento, mientras escribo, me siento ansiosa porque no sé qué tan abierta estoy siendo y no sé qué tan bueno es como estrategia estarte contando cómo funciona mi mente, pero si esto te ayuda a hacer tu propio análisis y aprender de él, me doy por súper bien servida)

Esto… es… demasiado.

¿Te identificas? ¿Cómo reaccionas tú ante un comentario desagradable sobre ti? Yo te aseguro que no es muy diferente. Probablemente tienes parte 3 y parte 4 de tu emoción dominante o puede ser que no estés muy clara en todo este proceso porque te quedaste en la fase 2 en la negación.

¿Cómo puedes cargar todo esto, cómo asimilas todo lo que estás sintiendo? ¿Te das cuenta? No es posible hacerlo al mismo tiempo. Así que, muchas veces el problema de relacionarte con tus emociones no es que no sepas cómo, es que lo quieres hacer de la manera incorrecta: todo al mismo tiempo y tratando a todas las emociones como si fueran lo mismo.

Fase 4: ¿Tiene sentido toda esta mierda?

 

4.thinking

 

Esta es la fase crucial para aprender de un mal comentario. Es la diferencia entre ser rencorosa y aceptar la verdad.

Una de las cosas más interesantes que me enseñaron en la maestría fue una estructura cerebral que tenemos que se llama “Giro del cíngulo”. Resulta que, para no hacerte el cuento largo, estamos “cableadas” (y esta estructura lo prueba) para primero asignar una valencia afectiva a los eventos (¿es bueno, es negativo, es positivo para mi?) y después, hacer un análisis cognitivo de lo que vivimos (¿qué pasó, por qué me afecta, qué áreas toca, qué entendí de lo que acaba de pasar?)

Giro cíngulo

¿Por qué te digo todo esto?

Porque, en el proceso de conocerte, tienes que escuchar lo que estás pensando para entender lo que estás sintiendo

Así que ahora viene la parte divertida, donde revisamos todas las emociones que sentí y los pensamientos que las apoyaron, logrando que les dedicara mucho tiempo y que, ya verás, no valió la pena.

Lo mejor de todo es que así como hice yo, puedes hacer tú: primero entender y luego educar lo que piensas sobre tus emociones.

Te darás cuenta que al final, todas son formas de tapar la verdad.

Y cuando no vivimos en la verdad (espiritual pero sobre todo realmente) no podemos ser felices.

Algunos pensamientos y reacciones ¿lógicas? esperadas

“Soy perfecta, o al menos lo que hago lo es”

Todo lo que salga de mi boca y de mis manos cuando esté preparando el podcast; como me gusta, lo disfruto muchísimo y lo percibo como mi vocación, debe ser perfecto. Y a ti te puede pasar igual. Pensar que no hay verdad en el argumento sólo porque te gusta lo que hiciste, el resultado, el proceso o porque eres tú y sueles defender todo lo que haces.

Eso no está mal, el problema es cuando no quieres ver la verdad y en vez de aprender del comentario (que es todo el punto de este post) decides defenderte o plantarte en tu postura de Alaska “yo soy así, así seguiré, nunca cambiaréeee”

Desprestigio de la persona que se atrevió a decir el comentario

Esto es súper común. Si no cubres mis estándares (bastante caprichosos cuando estoy enojada) entonces no puedes hablar, ni opinar, es más, ni me respires cerca.

Muchas veces, no todas pero muchas, hay verdad en los comentarios que nos molestan, que nos chocan, que nos tocan… por eso duele. No queremos escuchar, no queremos saber.

Y aquí es importante entender que no importa quién lo dijo, lo que importa es qué vas a hacer con ese comentario que tanto dolió porque es un indicador de que algo hay que cambiar.

Darle crédito de más a alguien porque “racionalmente” tiene autoridad moral.

Este es el pensamiento opuesto del anterior. Y entonces le sigues dando cuerda al pensamiento torturador:

“El o ella si saben porque si tienen un podcast, porque han estudiado, porque leyeron un libro sobre este tema, porque con su hija les pasó lo mismo”

Resumiendo, les doy permiso de que me hagan sentir mierda “porque pueden”, o mejor, (sarcasmo), porque son expertos en el tema.

“En el fondo tiene razón”

En personalidades como la mía (ojo, que en las que son muy soberbias emocionalmente hace el efecto contrario así que primero ubica bien en qué parte de la escala te encuentras) es un pretexto para dejar que los comentarios ajenos me sigan lastimando.

Ya ni siquiera se ve la verdad de la afirmación, eso pasa a segundo término. Lo que importa es que tiene razón, no importa si es sólo 2%, tiene razón y eso es suficiente para que le de permiso de seguir haciéndome sentir mal.

Y es que el tema no es si tiene razón o no, el tema es que lo que te molestó fue la forma, el modo de hacer el comentario, no necesariamente el contenido y allí tienes que tener muy clara la diferencia para validar tu enojo/frustración/tristeza y no pensar que estás loca.

Obsesividad

Hago memoria, me acuerdo, busco, abro mi cajón de recuerdos de todas las cosas cursis que he dicho en el programa, y las uso como armas para sentir un pinchazo en el corazón que afirman que el comentario de “es mega cursi” es verdad.

¿Y? ¿cuál es el problema? Tengo que tener las antenas muy paradas para entender que así como soy de cursi, así decidí que sería desde que empezó el programa, decidí que diría muchas cosas sin filtro porque así son las mujeres reales… y por algún tipo de estúpida amnesia selectiva, se me olvida que junto con esas cursadas hay mucha sabiduría, mucho cariño y muchas ganas de servir. Pero no, cuando estas en “obsessive mode”, no puedes ver eso aunque te pongan frente a las pruebas.

Muchas de las mujeres que me siguen y que siguen lo que hago en Descubre son así: obsesivas y justicieras anónimas, así que piensa cuántas veces no dejas ir un pensamiento que te genera una emoción incómoda, sólo porque encuentras cierto placer retorcido en encontrar evidencia de que, efectivamente, apestas. De nuevo, ya no estás buscando verdad, estás buscando castigarte. Y así no vas a llegar a nada.

“¿Y si…?”

Cuando a tus ideas las secuestra el miedo y el ego, ¡agárrate! porque van a hacer con ellas un mix peor que los del mal DJ de fiesta infantil. Tal cual. No sabes cuando pasaste de Shakira a Tatiana o de Justin Bieber a las mañanitas. Es un mess bastante confuso.

El miedo hace eso.

Y luego llama a la culpa, a la ansiedad, a la vergüenza… y tú eres un manojo de inseguridades, la gran mayoría basada en el infame “¿Y si…?”

¿y si ya no me quieren? o ¿y si no soy tan buena como pienso? y sus variaciones ¿y si mi idea no es tan brillante como pensé al principio? ¿y si no soy tan buena mamá como me imagino? ¿y si estoy equivocada y esto no a lo que tengo que dedicarme, y las mujeres que trabajan conmigo realmente no se benefician de mi trabajo; y si todos los mails, mensajes y testimonios que me mandan sólo es por compromiso? Ya vas viendo la paradoja de este error, ¿verdad?

El miedo presenta escenarios terribles, fatalistas y que no sirven de nada a posteriori. Así que yo lo que hago es dejarme barajar todas las preguntas “Y si” hasta que me da risa lo que pienso y finalmente digo “ahora si llegaste al tope del absurdo”, y así lo suelto. ¿Cuál es tu estrategia para soltar los “y si”?

“No me importa”

No tiene nada de malo decir eso (excepto tal vez que suenes un poco ardida pero nada más)… CUANDO ES VERDAD.

El problema es que muchas veces lo decimos cuando más nos está importando algo. Cuando te tiembla la voz o los labios mientras lo dices, lo siento bonita pero SI te importa. Y mucho. Y no te ayudas negándolo.

O, la otra reacción prima de esta es cuando intentamos racionalizar lo que nos está pasando tipo “no, estoy muy triste porque estoy pasando por un proceso de duelo. Elisabeth Kübler-Ross dice que es muy normal y que pronto se me va a pasar”…

Bullshit! En vez de decir “me siento como cucaracha” intentas pseudoanalizar y justificar tu conducta. Minimizar, es como los niños que se tapan los oídos y cantan para no escucharte, eso es el “no me importa” de un adulto sensible al que SI le importan las cosas. Y sirve para lo mismo que la “tapada de oídos” de los niños.

“Que les den”

Cuando viví en España (y todavía), una de las expresiones que más me llamaban la atención era “que le den”, y si no estás familiarizada con ella, debes saber que la usan cuando quieren decir que alguien puede irse por donde vino, que no es relevante, que no le van a dar importancia a su comentario, presencia o existencia.

Y me encanta porque nunca te dice qué es lo que le dan, así que deja tanto a la imaginación que parece uno de esos juegos de completar la frase.

No es tan chistoso cuando lo decimos estando enojadas o sintiendo culpa. Porque mandar al carajo a alguien sólo para dejar de pensar en ellos es el mismo mecanismo de minimizar o de decir que no te importa algo. Lo que quisieras es que nunca hubieran dicho nada para lastimarte pero lo hicieron. Y eso duele.

Este error se corrige aceptando que duele, que la persona que te lo dijo es importante para ti y no te gusta cómo te hablo, que no esperabas un comentario así de su parte, que esperabas que se pusiera de tu parte… lo que sea, pero no “que le den” cuando la que quiere recibir una explicación eres tú.

La víctima

“Pues no soy perfecta” “estoy haciendo lo mejor que puedo” “pues si no les gusta lo siento mucho pero no puedo hacer más”… son recursos baratos para sentirte menos mal pero al mismo tiempo para darte permiso de maltratarte. Creepy. Y muy retorcido.

Pensamos erróneamente que cuando nos ponemos de tapete, la gente dirá “no, pobre, está pasándola muy mal… nunca en la vida vuelvo a decir nada que pueda lastimarla” Ay ajaaaa.

Es mentira, tu y yo lo sabemos, y de todos modos, muchas personas eligen jugar el papel de víctima cuando se sienten inseguras. Es el mejor modo de que te dejen de molestar aunque sea temporalmente. Pero eso no educa tus emociones y no te forma el carácter, al contrario. Te manda el mensaje de que eres débil y de que necesitas que los comentarios externos paren para que puedas salir de tu cueva de la vergüenza.

Cuando te caches en situaciones de victimización, deja de hablar, deja de pensar, mete un freno fuerte para entender por qué quieres verte débil a ti misma, qué estás ganando. Tal vez estás cansada, entonces ya no pienses en el tema, pero no huyas de él por la puerta trasera, eso no es de una reina que quiere reinar sobre si misma.

Soberbia intelectual

“Dadme una palanca y moveré al mundo” No sé el contexto de esa frase pero me molesta sobremanera. Me parece sumamente soberbia, pasiva y al mismo tiempo estúpida… obvio que con una palanca vas a mover las cosas, pero ¿que yo te la de? puedes esperar sentado, Arquímedes. (las científicas, ingenieras… no me maten, prometo que tengo un punto)

¿Por qué somos soberbias? En un momento de mi montaña rusa emocional pensé ¿y si la forma en la que hablo esta impidiéndome llegar a alguien que necesita de mi para cambiar su vida? Si, lo subrayé para que lo puedas volver a leer. Te espero.

Perdón pero yo lo acabo de hacer y me dan ganas de cachetear a mi yo que pensó eso por dos segundos. ¿¿Pero quién me dio la tarea de rescatar a todas las pobres almas en desgracia del mundo??

Por algún motivo siento que Sara Bareilles me cantaría justo eso:

Pero…

Luego me acuerdo que era parte del proceso para entenderme y se me pasa (eso es un gran tip, ojalá lo tomes).

El gran error con la soberbia es pensar que tú eres la solución, tu tienes la verdad, tú logras los cambios en la vida de los demás, tú eres quien mueve… y la realidad es que no puedes, ni te corresponde hacer eso. Pero pensar que el peso del mundo (que Arquímedes mueve) está en tus hombros, es agotador y en algún momento te hace ir a la desesperación, a la vergüenza o al enojo. Garantizado.

Desesperación

Es ese momento en el que todas tus emociones están juntas, no tienes manera de desenredarlas, pero todas parecen indicar que eres una idiota… que no tienes la capacidad o que los demás son muy ingenuos como para creer en que tú puedes cambiar, mejorar o ayudarles en algo.

Es el momento en el que estás totalmente paralizada, o en tu cama llorando, o en la mesa atascandote de papas y helado, o viendo maratones de Gilmore Girls (#OdioARory) o de cualquier forma en la que puedas adormecerte. Es tanto el cansancio de sentir tantas cosas y no llegar a nada, que mejor decides darte por vencida.

Este es un mecanismo de la mente, ya agotaste sus reservas. Y mi consejo es que si llegas aquí, seas muy consciente de que es un síntoma de que no estás avanzando, le des un break, salgas a despejarte, pienses en otro proyecto o vayas por unos drinks con tus amigas… y lo dejes asentarse por un momento.

Fase 5: La verdad me hará libre

 

5.free

 

Todos estos pensamientos surgieron en mi en un lapso de 5 días. No todo el día todos los días, pero despertaba pensando ¿por qué me habrá lastimado tanto ese comentario?

Tú puedes ser mucho más rápida que yo para soltar (sólo asegúrate de que de verdad sueltas, no que minimizas o aparentas) o mucho más aprensiva, no importa. Lo que importa es que llegues a este punto, a esta fase 5 que a mi parecer es la más importante: cuando integras el evento con quien eres, cuando sueltas lo que estorba y tomas lo que si te sirve, te refuerza y te hace mejor persona.

Cuando logro darme cuenta de todas las emociones y los paquetes de pensamientos por los que pasé por un estúpido comentario, puedo decir un ligero “es verdad” que cada vez se vuelve más firme.

Y allí es donde todo se acomoda.

En la verdad.

Hacemos tantas cosas por intentar taparla, pintarla, persuadirla de que se vea diferente… que se nos olvida que es más difícil hablar con ella cuando la disfrazamos, y que lo mejor es aceptarla como es y trabajar con ella así, sin caretas.

Es verdad, soy cursi

Es verdad, ser cursi es parte de mi personalidad y de mi encanto

Es verdad, hace mucho tiempo decidí que ser cursi no es sinónimo de estar mal

Es verdad, elegí ser cursi con mi tribu

Es verdad y no me consta que el comentario haya sido dicho con mala intención

Es verdad, me pesan los comentarios ajenos que percibo prejuiciosos

Es verdad, si quiero a estas mujeres a las que les hablo y les escribo y por eso uso tantas frases y ejemplos que pueden parecer empalagosos.

Es verdad, yo soy así y me ha costado mucho trabajo aceptarlo.

La verdad es que no quiero darle gusto a nadie haciendo lo que hago

La verdad es que disfruto mi trabajo, lo amo y si alguien puede beneficiarse de él, me sentiré muy honrada pero no soy la sanadora del universo ni pretendo serlo.

La verdad es que a pesar de que fue mi primer impulso, no quiero cambiar.

La verdad es que me gusto como soy, con todas las fortalezas y todas las áreas de oportunidad.

Fase 6: Emociones Educadas

 

Carefree and freedom

Cuando pienso todo el proceso, las emociones, los pensamientos, la asimilación, la reafirmación y finalmente la libertad, me siento feliz. Me siento mejor, me siento mucho más construida que antes del mal comentario, porque usé ese comentario para confrontarme y para salir fortalecida, no al revés.

Hay muchos pasos en este proceso que son engañosos, y si te quedas demasiado tiempo en la duda, en el pensamiento, en la negación, en el enojo o incluso en el “así soy yo” y no cambia nada, en vez de ser un proceso de crecimiento, se vuelve un proceso de desintegración de la personalidad.

Por eso era para mi tan importante desmenuzar en la medida de lo posible todo lo que pasó por mi mente a partir de un comentario chiquitito, que (quiero pensar) no fue dicho con una mala intención. Para que nos sirva a ti y a mi.

Me gustaría que recordaras de todo lo que dije aquí una sola cosa: lo más importante no es quién lo dijo, cómo lo dijo o por qué lo dijo, lo importante es por qué me afectó tanto a mi.

Esa pregunta es la que te lleva a descubrirte, a entenderte y a amarte más. Al final para eso estamos aquí y para eso te fletaste ya 12 páginas de word en este post.

Después de 1 semana de dialogar con mi dolor, mi pena y mi coraje, me siento tan en paz conmigo que lo único que puedo hacer es agradecer a quien me hizo, a través de su comentario, dar tantas vueltas para volver a reafirmarme quién soy, quién he trabajado por convertirme y quien hoy puedo ver a los ojos y decirle “es verdad, eres cursi y te amo por eso”.

No voy a pedir perdón por ser como soy, pero si puedo usar este evento como pretexto para entenderme mejor, para ver cómo soy, cómo estoy cambiando y para saber exactamente cuándo me estoy desviando de lo que me hace feliz. Para eso me sirven a mi los malos comentarios.

¿Tú podrías decir lo mismo después de un proceso de autoconfrontación? Me encantará que me contestes eso.

Antes de irme quiero pedirte tres favores:

  1. Comparte con quienes sabes que necesitan ayuda para aceptar la verdad y no pelearse con ella. Este post está hecho para ellas.
  2. Comenta aquí abajo cual es tu proceso ante un mal comentario incomodo o malvibroso, me encantará leerte.
  3. Tengo una invitación muy especial que va a estar activa en marzo, por favor asegúrate de estar inscrita en mi lista para que sepas fechas y horas y puedas asistir.

Ahora si, terminé. Y me quiero despedir.

Desde mi yo cursi y sarcástico, profundo y de cultura popular… porque así es mi personalidad y sólo puedo amarte desde quien soy yo. 

Firma Lore