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¿Por qué hablar bien te hace más feliz?

Cuando era niña y mi hermano mediano tenía como 4 años, veíamos películas de Disney como si el mundo fuera a acabarse mañana. Entre sus favoritos estaban Pinocho… eem Pinocho y Bambi cuando la cinta VHS de Pinocho de descompuso.

En Bambi, uno de los amigos del personaje principal, el conejo Tambor, habla mal de alguien y su mamá muy sabia lo regaña: “si al hablar no vas a agradar, te será mejor callar”

Con eso tuvimos para que mi papá nos dijera esa mentada frase por el resto de los siguientes años. Pero todavía hoy, después de unos cuantos, me sigo acordando de esa expresión y del poder tan increíble de las palabras, de cómo crean una nueva realidad cuando las decimos en voz alta y desde que las formulamos en nuestra mente.

Ya de adulta, crecí y aprendí sobre las características del lenguaje, su origen, su función y sus usos. Y hoy quiero hablarte de un error que cometemos en un alto porcentaje de nuestras expresiones: decimos “siento” cuando sería mejor decir “pienso”

Y no por purista de lenguaje, me has leído, sabes que estoy muy lejos de eso porque me la paso usando anglicismos, soy súper coloquial y no me importan mucho las reglas ortográficas. Sólo me encanta hablar. El conflicto con este modo de hablar, es porque

La manera en la que hablamos, refleja la manera en la que pensamos

Tengo para ti un dato neurológico de esos que me encantan y que si eres freak como yo disfrutarás también: hay una estructura en nuestro cerebro que se llama “giro cingulado”, te la presento: 

Giro cingulado

Se divide en dos: la parte del frente se encarga de darle la valencia afectiva a nuestras vivencias: me gusta, no me gusta, agradable, placentero…

Y la parte de inmediatamente atrás, está encargada de hacer un análisis cognitivo de lo vivido: ¿es bueno para mi? ¿es negativo? ¿me va a hacer daño después? ¿será que mejor lo evito en el futuro? elementos basados en la experiencia.

O sea que anatómicamente primero está la emoción pero pegado e inmediatamente después está el pensamiento. Unidos. Intrínsecamente. En la misma estructura del cerebro. Ah (inserte mentalmente aquí emoticon de whatsapp con los ojos como corazones) a mi ese dato me fascina.

De ahí que muchas veces ni nosotros mismos sepamos hacer la diferencia, y verdaderamente nos vale un pepino si es siento o pienso pero te voy a decir por qué es importante.

Tu lenguaje ordena a tu pensamiento y tu pensamiento ordena tus emociones.

La mayoría de las veces, cuando usas “siento”, no es algo racional ni debatible porque es absolutamente personal. ¿cómo voy a decirte que no sientes dolor, o que no te sientes triste? Quien lo haga no tiene mucho conocimiento de los procesos emocionales (ni mucho tacto).

Entonces, es más fácil que permanezcas en la emoción y que no la quieras cambiar; es más, ni la cuestiones. Pero si esa emoción está sustentada por un pensamiento, es mucho más sólida, ordenada y lógica. Es un sistema autosustentable.

Déjame ponerte un ejemplo: me ha pasado ya 4 veces en este último semestre con las mujeres con las que trabajo un fenómeno súper interesante: describen una situación de pareja donde se sienten cuidadas, amadas, protegidas, felices, alegres, sanas, complementadas… y cuando están describiendo esa sensación… lloran. Y todas las que me lo han contado se ríen porque saben que es una reacción incomprensible… “llorar de amor”, pero es que la mayoría de las veces…

Las palabras quedan cortas cuando las emociones son muy intensas

Desde la forma de hablar, definimos cómo nos sentimos.
Dices “me siento enamorada” pero también podrías buscar satisfacer a esa parte del cerebro que es racional con algo como “Pienso que todo lo que hace son demostraciones de amor” y la cereza del pastel análisis-emoción: “y no estoy acostumbrada a este tipo de relaciones” Ya. Tres frases que te ordenan de inmediato, te aclaran, te ponen de acuerdo contigo mism@. ¿Apoco no el cerebro es lo máximo? 

 

Así que tu tarea de esta semana es fijarte cuántas veces dices “siento” y si podrías cambiarlo por “pienso”, o complementarlo con un elemento racional que te ordene.

Antes de que te vayas, te invito a que comentes aquí abajo qué piensas sobre mi afirmación de que el pensamiento ordena a las emociones. ¿te suena? ¿te ha pasado? ¡Espero tus comentarios!

Te mando besos,

Lore

lorena@educacionemocionaldescubre.com

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