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Poesía rescatista. Conocerme mediante poemas.

VAMOS POR UN CAFÉ, TENEMOS QUE HABLAR.

Hoy voy a llamar al amor habilidad.
Habilidad consciente

Me di cuenta de que
le eché azúcar de más
a tu café primero
lo que pude al mío
y la que sobraba al que compartimos

y aunque al principio
no me importó
el amargo sabor
de mis otros cafés;
familia, amigos, trabajo
yo misma

Lo ignoré
pues el nuestro estaba exquisitamente
dulce, romántico

Sabía a una película de Hollywood
muy apasionada
luchando contra todo y todos
escondiéndose para besar
riéndose de cosas absurdas
mirando la luna abrazados
hasta que el alba
iluminara un par de ojos
que anhelaban
un futuro eterno

y hasta
morir
el uno
por el otro

Afortunadamente
ni tú ni yo
hemos muerto

Tiene mucho que no escucho que me amas
y también que no te digo que te amo
no sé si presente estés
leyendo o escuchando
con ansioso estrés;

te amo
nunca he dejado de hacerlo
nunca ha dejado
de gritar tú nombre
mi corazón

Amor, déjame llamarte así
te veo
te veo bien
te veo
también en mis sueños

Y me gusta
me gusta porque disfruto
cada capítulo
de menos de 8 horas
a tu lado
donde todo es fácil

La peor parte es que
no nos despedimos
ya en otros poemas
lo dijimos
nunca es un adiós
te llevo en mi corazón

Te admiro, te admiro
por llegar a crear
una explosión en mi vida
por hacerme ser
la mujer
que hoy no escribe
llorando más

Cuando estemos en el cielo
estoy segura
nuestras almas
se van a reconocer

Por favor,
no dudes en abrazarme
ahí
Dios va a dejar amarnos
y con los ojos sangrando
le diré gracias
por dejarme conocerte

Pero, amor
no más
no más mi amor
no más tu amor

que nos acaba
que nos condena

que cursi suena
apostar la muerte
por cerca tenerte

¿eso es amor?
no, amor

Amor entendí
amor concepto vi
no me tengo que morir
para amarte
no te tienes que morir
para amarme

¡Quiero amarte sin condenada estar!
¡Quiero que me ames sin condenado estar!

Verte… reír, llorar
pero no por pagar
si no por vivir
por sentir

Anhelo, que corras
a tus propios brazos
y entiendas
que no siempre voy a estar
que no siempre vas a estar
y así, dependencia no será

Para no correr
el riesgo de un día
despertar
y notar
que amor
no sentimos más

¡No nos vamos a condenar!
Mejor… en el cielo
mejor, sin tus besos
mejor sin lamentos

y soñar, soñar
con un alcance
celestial
donde nada nos corromperá

ponme atención
no es que no te ame
es que te amo de más
y me amo ahora
y eso, explica
que es hora de partir

pero no llores, no, por favor
te prometo
y te aseguro
que es tan real
que por eso me voy
y debes irte

¡Haz de tu vida un constante saborear!
Con café y sueños

Te espero en la meta.

 

¡Muy feliz de mi primer post!
Mi colaboración en este precioso blog es con mis poemas y ¡ah! (suspiro) ¡qué show son los poemas!
Empezaré dando una breve explicación de cómo llegué a ellos.
Primero, siempre fui muy sentimental, desde chiquita. Era muy soñadora, curiosa y cursi. Soñaba con el príncipe azul y con la felicidad de amor eterno, bastante normal para una niña de mi entonces “época”.

A pesar de aquello, notaba muchos problemas que ocurrían en mi familia y eso me traía sentimientos de tristeza, ansiedad y estrés (ahora puedo nombrarlos), que notaba pero reprimía o ignoraba.

Aproximadamente a los 9 años, comencé a escribir mis sentimientos.
Siempre fue en prosa y eran reclamos a mis padres o a mí misma por creer que mi temperamento arruinaba mis relaciones sociales. Al terminar, los rompía o tiraba a la basura pues solo eran para desahogar el momento ansioso.

Recuerdo, que a los casi 13 años encontré un libro de poemas en mi casa que, la verdad, ni sé de quien era, pero los empecé a leer y me gustaron, ahí fue cuando le di un giro gigante a lo que escribía. Me interesó la poesía profundamente y aunque no me daba cuenta, era un medio de canalización emocional.

Fue a los 18 años cuando conocí a un amigo que es poeta y le confesé que yo también escribía, pero que la verdad no era profesional o tenía una técnica, que solo lo hacía para desahogarme.

 

Él me invitó a participar en uno de sus eventos con otros poetas y fue cuando, recitando y recibiendo muy lindas y constructivas retroalimentaciones, entendí la profundidad humana que tenía el expresar artísticamente una emoción.

Al transformarla en una cosa, me permitía conocerme más y darme cuenta que no solo yo sentía eso, sino que muchas personas se identificaban.

Últimamente, he pensado que los poemas son como un espejo en donde puedo ver mi realidad, mis cualidades, mis áreas de oportunidad, mis expresiones, mi lenguaje no verbal, es un objeto donde puedo hablarme a mí misma.

Pero ese mismo espejo también deja ver a otros, si se postran frente a él, verán eso y muchas más cosas, a su manera tal vez.

Ahora sí, entrando al poema anterior. ¡Bah!, ¿quién no ha tenido la famosa “relación tóxica”? Yo sí y la pongo entre comillas porque yo siempre veo todo como positivo (ya en otro poema se los contaré).

Amé, amé con locura y con gigante profundidad, me enamoré sin límite, sin precio y sin cuidado sobretodo. Me perdí a mi misma por entregarme al otro y él también se perdió. Lamento decir que por mucho tiempo fuimos un constante lío de alcohol y lágrimas de “amor”.

Hubo un tiempo en el que nos tomamos aquellos breaks que suelen tener ese tipo de relaciones y empecé a recapitular en frío muchas cosas que decíamos o hacíamos constantemente y la trascendencia que, para mí, tenían.

Cuando me di cuenta de que, hablo en serio, en cualquier momento la vida de alguno de los dos podría terminar y pensé en sobrio aquella frase que nos repetíamos constantemente: “si es necesario, voy a morir por tu amor” etendí del poder y la fuerza que podía tener, de lo profunda que es pero también lo poco seria que la tomábamos y me asusté.

Mi reacción primera fue llorar porque él estaba lejos de mí y nos habíamos prometido que si nos separábamos moriríamos. ¡Qué enfermo! Creí, pero era nuestra forma de sentirnos vivos.

Pensé durante semanas lo que tenía que hacer, o lo dejaba para siempre y esperaba a que uno de los dos muriera en serio o mejor le ponía límites a las promesas románticas de película de Hollywood.

A veces no nos damos cuenta de la importancia de las palabras, de cómo se meten en nuestra mente y actúan por nosotras.

Tuve miedo, la verdad no quería morirme, no quería que él se muriera.

Comencé a hacer un examen de conciencia con preguntas como ¿qué es el amor? ¿Cómo siento el amor? ¿Se debe amar? ¿Se nace amando? ¿Se muere amando? ¿Se ama a los demás como a uno mismo? ¿Cuál es el propósito del amor? ¿Cuál es el resultado del amor? ¿En el amor se deben correr riesgos? ¿Se puede amar a conciencia?

Todo esto lo respondí en el poema y cuando lo terminé, volví a la primera pregunta.

No dejé el amor cursi, ni mi pasión mucho menos mi entrega. Pero comencé a tener más cuidado en lo que le digo a mi mente y también en lo que le digo a la mente de los demás.

Afortunadamente él y yo no llegamos al punto literal de la promesa y nos dimos espacio para conceptualizar el amor, llegamos a un punto bastante parecido y decidimos decirle cosas más lindas y reales a nuestra mente para dejar de corrompernos.

Crecí, creció y crecimos juntos.

Por eso es que para mí las relaciones tóxicas no son tan negativas si aprendes a digerirlas. Llega un punto en el que es mejor cortarlas pero siempre aprender de ello, siempre recapitular y valorar.

Pero eso se los contaré en otro poema.

 

 

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