Hombros de gigantes

Hoy es el día del maestro.

E inspirada por la festividad, por algo que ha estado dando vueltas en mi cabeza por semanas y por un post de Jessica Vazquez donde habla sobre “etiqueta para coaches” quiero hablar sobre mis maestros y algunas reflexiones sobre enseñar y aprender.

Cuando el alumno te reta, te está enseñando

Creo que la palabra maestro es muy grande porque implica mucho más que “enseñar” cosas o transmitir conocimientos. Creo que si nos arriesgamos a ser vistas, a defender una postura y a decir lo que pensamos, somos maestras.

Cuando en Pedagogía hablamos de un aprendizaje integral decimos que tiene que ser un aprendizaje de conocimientos, habilidades y actitudes… los maestros tenemos que observar esos tres objetos de aprendizaje para facilitarlo a nuestros alumnos. Y me quedo pensando si es lo mismo hacia el otro lado, si los alumnos también nos educan en conocimientos, habilidades y actitudes… Y la respuesta es sí.

Ellos nos enseñan muchísimo y lo mejor es mantenerse abiertos a que nos enseñen algún conocimiento (como cuando te prestan un libro o te presentan un concepto que no te era familiar y de fuerza a investigar al respecto) una habilidad (donde un alumno te está retando todo el tiempo a ser más paciente, a escuchar mejor, a ser más empático, a tener más intención y presencia cuando estás con él o con ella, a ser más puntual) o una actitud (cuando un alumno te cuestiona sobre la vida, el aprendizaje, el tema en cuestión, los proyectos de vida, los retos o ante ellas mismas.

Cuando el alumno te reta en cualquiera de estos ámbitos te está enseñando… partes de ti que no conocías, sombras, áreas que tenías escondidas… pero todo lo que aprendes de ellos es curriculum y garantizado, más adelante lo utilizarás.

El alumno aparece cuando el maestro está listo

Ustedes, queridas alumnas de mis programas, me han escrito muchas veces diciéndome “gracias, no cabe duda que el maestro aparece cuando el alumno está listo” y cuando recibo esos correos no puedo mas que maravillarme del timing del Universo, de su inmensa generosidad y de que tú y yo podamos Coincidir.

Pero hoy quiero dar un paso más a ese comentario.

Hoy quiero devolvértelo.

Hoy quiero decirte que cuando la maestra está preparada para subir su juego, para pasar al siguiente escalón, para moverse de nivel… Dios y el Universo le presentan nuevos alumnos, con preguntas que la retan, van a dar en su talón de Aquiles y que le van a permitir profundizar en lo que sabe en lo que puede y es capaz de regalar en incluso en sus proyectos de vida.

Esto me acaba de pasar con una de mis alumnas (de quien tengo permiso de compartir) que me contaba sobre temas muy profundos y que agradezco muchísimo poder haber entendido de qué me hablaba y respondido desde una postura de aprendizaje y no de “no sé de qué me hablas”… porque en otra circunstancia yo jamás hubiera podido hablar con la fluidez y con la libertad con la que hablé de linaje de honrar lo femenino, de lealtad transgeneracional… simplemente porque no lo sabía, porque no estaba familiarizada con los procesos ni con los términos ni con ese conocimiento pero cuando yo empiezo a investigar al respecto aparece una alumna que confirma que yo tengo que seguir aprendiendo sobre eso para ser una mejor maestra para ella así que gracias Ale, eres una alumna deliciosa.

No puedes llevar a tus alumnos hasta donde tú no has llegado. Gracias a todas mis alumnas de todas las edades por ayudarme a avanzar, rascar, escalar y arriesgarme para entender mejor la realidad y así poderla enseñar desde mi experiencia.

Agradece a tus maestros

El 15 de mayo de 2010, Felipe Calderón, en ese entonces presidente de México festejó a los maestros. Mejor dicho… A SUS maestros. Desde la primaria hasta el posgrado. Con una comida. En Los Pinos.

Si yo me convirtiera en presidente (que junto con “ser de la NASA” es algo que muchas veces te dicen de niño como la última prueba de que te fue bien en la vida) haría lo mismo. ¿Te imaginas encontrarte a tu maestra de matemáticas y decirle “oye Ivonne, mira soy presidente… con la novedad de que no he usado la “fórmula del chicharronero” ni una sola vez” o decirle a tu maestra de Historia “Mira Liz, soy presidente… y lo que platicamos sobre nacionalismo esa vez… cómo me ha servido!”

Si. Definitivamente los invitaría a comer. Y les daría un regalo. Y me dedicaría horas a repasar la lista de TODOS los maestros en mi cabeza para no olvidar a ninguno. Porque todos han puesto una pieza de este rompecabezas que es mi vida.

No soy presidente y no puedo invitarlos a Los Pinos pero desde mi espacio de soberanía individual que es este corazón que tengo, esta cabeza, este proyecto de vida y esta página de internet… los reconozco. Les agradezco y valoro profundamente lo que han hecho al tocar mi vida de las maneras más sabias, divertidas, observadores, curiosas e inteligentes que me han hecho hoy ser lo que soy.

Gracias a mi mamá, mis abuelas y a todo mi linaje femenino, gracias por transmitirme la fuerza y el significado de ser parte de esta tribu.

Gracias a mi papá, mi abuelo y mi linaje masculino por la confianza, la fuerza y la sensibilidad ante el dolor ajeno, porque eso me ha hecho la mujer empática que soy hoy.

Gracias a mis maestras desde primaria hasta la universidad, las que compartieron conmigo, las que no se acercaron tanto a mi vida pero sus enseñanzas fueron impecables, las que se sentaron a mi lado para “orientarme” en las respuestas de un examen de terror, las que rezaron por la salud de mi mamá, las que estuvieron en mi graduación, las que se emocionaron cuando se enteraron de que las cosas en mi vida iban bien.

Gracias a mis mentoras y coaches por dejarme aprender de su forma de ver las cosas, de salir adelante de las crisis, de afrontar con amor y compasión el reto de ser líder humano en este momento.

Gracias a mis amigas, las maestras más accesibles que al alcance de un whatsapp me regresan a la Tierra con un “Bullshit. ¿qué es lo que de verdad te preocupa, Lorena?” o me regresan al camino con un “vale la pena lo que estás haciendo, síguele”

Gracias a todas las activistas, escritoras, investigadoras, bloggers, podcasters y mujeres chingonas que con sus libros, blogs e investigaciones me dejan entender mejor la naturaleza humana para ayudarla a liberarse de lo que no le toca.

Agradezco muchísimo a las mujeres que me han acompañado en este proceso, a las mentoras que he tenido y a las mujeres que a través de su trabajo me han dejado ver el mundo de una manera distinta y me han dejado seguir caminando y subiendo la escalera para aprender más y ser una mejor persona, mejor coach y una mujer más feliz.

Gracias.

Soy suficiente, somos suficiente

Quiero terminar agradeciendo profundamente a todos mis maestros de vida y recordándoles que los llevo a ustedes y sus enseñanzas en mi mochila espiritual para cuando los necesito.

Quiero ofrecer también una disculpa pública por las veces en las que por miedo o por sentirme chiquita no he querido o no he sabido darles el crédito merecido. Eso acaba hoy, lo prometo desde mi alma agradecida… aunque me tarde más en tocar un punto siempre diré “como dice mi maestra” “lo que me enseñó mi coach”… porque si en mis ideas y en mi corazón tienen espacio tus enseñanzas, en mi boca también lo tendrán.

Gracias por ayudarme a construirme hasta saber que soy suficiente.

Somos suficiente.

Cuando digo que soy suficiente, los honro a todos, los traigo a todos en el corazón.

Honro el espacio que compartimos, las verdades que descubrimos juntos, el valor de seguir adelante y el apoyo que he recibido en forma de concepto, consejo o presencia… o los tres.

Feliz día.

Una eterna estudiante

 Firma Lore

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