Hoy traigo una historia.

Es una historia muy vulnerable… de esas que tardas horas en publicar no porque no sepas qué decir, sino porque lo sabes tan bien que duele y te da miedo que la gente no entienda lo que quisiste decir o solamente te juzgue… de ese tipo. También es larga pero muy, muy honesta.

Desde ya te agradezco leerla. Me dará mucho gusto que si te identificas con algo me lo hagas saber en los comentarios.

Muchas me han preguntado cómo “se me ocurrió” este proyecto, mi proyecto profesional que se llama “Descubre” y lo cierto es que no es uno de esas ideas con las que dices “cuando sea grande voy a tener un centro de educación emocional”, sino que mi vocación me encontró a mi. No de la mejor manera pero… ¿qué importa?

Esta es la historia de cómo lo viví (desde mi alopecia hasta Emociones Educadas) y cómo estaba en mi mente desde que elegí mi carrera (que se trata de educar).

Espero que mi historia con el miedo te ayude a enfrentar el tuyo.

Vamos pues…

Cumple Lucía karaoke (7)

Esta era yo a los 20 años…

Lo que se ve por fuera, esa mirada baja, esa incomodidad, ese hacerme chiquita… es un fiel reflejo de cómo me sentía en ese momento: perdida, gris, y con miedo. Pero lo peor es que en ese momento no lo sabía.

Fui una joven controladora que encontraba un placer muy efímero en mangonear a todos y con  el que al final, de todos modos las cosas no salían a mi gusto, perfeccionista y ansiosa, enojona cuando algo no salía según lo planeado… y cuadrada. En mi mente sólo había una respuesta correcta. Era lo lógico, era lo esperado, y no había cabida para dudas, para cambios de planes, ni para cursilerías.

Y entonces la vida me mandó una bola baja: mi mamá fue diagnosticada con cáncer. Agresivo. ¿De esos que si no se operan el mismo día, te matan? Así que la operaron a las 8 de la mañana del día siguiente.

En ese momento, sin saberlo, mi mundo se empezó a caer. Al menos como lo conocía… y esa fue la primera lección que en retrospectiva entiendo: cuando el mundo como lo conoces acaba, no puedes hacer otra cosa más que rearmarlo de acuerdo a tu nueva realidad.

Y digo sin saberlo porque si tú eres tan controladora como yo, sabes que cuando todo parece ir mal, tú necesitas aferrarte a tu verdad, a tu realidad, no importando que sea inventada… pero te de tranquilidad saber que todo está bajo control.

Bueno, pues así me sentía.

Diary with pen on jigsaw puzzle --- Image by © Sung-Il Kim/Corbis

 

Para no hacer el cuento largo, y porque esa historia es de mi mamá y no mía, te diré que pasaron los días, mi mamá estaba recuperándose y finalmente salió del hospital… todo parecía ir muy bien. Y yo no me di cuenta de todos los cambios que había hecho en mi vida. Ante una sentencia de muerte, no tienes tiempo de preguntar “¿estás de acuerdo con esto, dulzura?”

Pero qué diferente hubiera sido si me lo hubiera preguntado, si me hubiera detenido un momento a sentir el miedo, el dolor, la frustración, el coraje, el pánico y la ansiedad de no controlarlo todo… ahora veras por qué.

Seis meses después de que mi mamá fue dada de alta, la Universidad nos organizó una comida porque estábamos a la mitad de la carrera. (porque cuando vas a la mitad ya casi terminas en lenguaje estudiantil) y en la foto grupal, mis amigas se dieron cuenta de que tenía “un hoyito” en el pelo.

No se me olvida la cara de poker de Lucía cuando me dijo “¿quieres que le saque foto para que lo veas?”. Ahora, esto fue hace más de 10 años… las fotos no se tomaban todo el día, así que tomarte el tiempo de fotografiar algo, era un indicador de que algo estaba mal.

Cuando me enseñó la foto, vi que tenía un hoyo del tamaño de una moneda mediana justo en medio de mi cabeza.

Lloré.

Por vanidad, claro, pero más de angustia porque no tenía ni la más mínima idea de por qué  estaba perdiendo el pelo así, a los 20 años. Y lo que más me asustó: ¿cómo no me había dado cuenta? ¿estaba tan sorda a mi propio cuerpo que no me había enterado que perdía pelo por mechones? ¿tan poca atención me ponía a mi misma?

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BINGO.

Allí estaba la pregunta de oro.

No me había dado tiempo de soltar, de vivir la emoción, de gritar, de llorar… yo “tenía que ser fuerte” y “tenía que ser la mayor” y “tenía que estar preparada para aceptar la voluntad de Dios”… y ojo, nadie me lo tatuó en ningún lado, era mi propia autoexigencia y mi vida llena de “deberes” autoimpuestos. ¿te suena? #chocalascomadre

Pero no creas que la pregunta surgió de inmediato… verás, la paradoja cuando estamos ciegas y sordas a nosotras mismas es que no lo sabemos, y no se nos ocurre buscar la respuesta dentro de nosotras ni de nuestro cuerpo.

Para encontrar esa pregunta me tardé 5 años.

Lo que hice de inmediato fue ir con alguien más para que me dijera qué estaba mal conmigo (otro error, queremos respuestas y soluciones externas, porque desconfiamos -desconocemos- de nuestra propia sabiduría) y así el médico me dijo que tenía “alopecia nerviosa” que, aunque no es el término oficial, me dejó muy claro el origen… luego fue “colitis nerviosa” y por primera vez supe qué era la gastritis… y finalmente, cuando el diagnóstico “dermatitis nerviosa” llegó, dije “basta!” esto es demasiado “nervioso” y las cremas y las pastillas no están funcionando.

TENGO QUE ENCONTRAR OTRA SOLUCIÓN. UNA QUE VENGA DE MI Y QUE SEA SUSTENTABLE.

 

Y decidí atacar el problema raíz: ese “nerviosismo”

Durante mis múltiples visitas al médico pasé por varias fases.

  • Estuvo la fase de “te odio, maldita ansiedad!” Rudo.
  • Luego pensé “ok, a ver dime qué quieres…” Todavía rudo.
  • Llegó la curiosidad “¿qué más tienes por decirme?! Vamos mejorando.
  • Y finalmente encontré la gratitud: “de nuevo estás aquí… vamos a ver dónde está el peligro y cómo resolverlo… mientras se te antoja un té de menta?” Gozo.

Y es así como a partir de mi propia relación con la ansiedad empecé a apasionarme por entender cómo funcionan nuestros mecanismos emocionales, empecé a leer como loca, a tomar cursos, maestrías, diplomados para especializarme en el tema…

Empecé a buscar qué era lo que más me ayudaría a escuchar mis ansiedades en vez de taparlas, empecé a poner en práctica estrategias de especialistas en el tema hasta que el pelo volvió a crecer, dejé de tener gastritis y nunca más volví a tomar pastillas para ningún mal “nervioso”.

Empecé a encontrar los verdaderos orígenes de mi ansiedad y empecé a sentirme mucho mejor conmigo, con mis emociones… y con mi vida en general.

 

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Sé que suena muy bueno para ser verdad, pero es verdad, además es muy importante que te diga que este proceso, estas 4 afirmaciones de las que te hablé antes, surgieron en un lapso de 10 años. Porque convertirte en tu mejor versión no es cosa de un día, ni de un fin de semana… y no acaba… todo el tiempo estamos reinventándonos y descubriendo nuevas maravillas que traemos dentro.

Cuando cuentas una historia siempre buscas resumir los párrafos, los detalles… y el sufrimiento.

Pero espero comprendas que resumo para no dormirte, no porque el proceso haya sido sencillo o porque me avergüence de él… al contrario, cuando entiendo lo que mi cuerpo y mis emociones hacen por mi, con mucha frecuencia caigo sobre mis rodillas, lloro y digo “gracias… gracias por hacérmelo notar… voy a trabajar en eso”

Cuando logré estar bien, me di cuenta de que muchísimas de las personas a mi alrededor, gente que quiero y que admiro, gente que quiero ver bien… también padece enfermedades “comunes” que llevan el apellido de “nerviosa”… me di cuenta que ya nos hemos acostumbrado a sentirnos mal… ¿qué tan enfermo está eso?

A partir de mi descubrimiento emocional, y después de crear una ruta para sanar, decidí que mi conocimiento era muy bueno para quedarse escondido en el corcho de mi cuarto así que me decidí a compartirlo.

De todo lo que viví, leí y encontré, armé “paquetes” con cosas que me funcionaron y empecé a enseñarlas a esas personas maravillosas para ayudarles a sentirse mucho mejor con su vida y sus decisiones, a tomar más consciencia sobre sí mismas… y tiempo después decidí crear un lugar donde se enseñaran esas ideas y técnicas. Así surgió Descubre.

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Descubre

Porque me parece un verbo activo, divertido y creativo.

Porque te invita a adentrarte en un mundo… tú mundo, para maravillarte con lo que encuentres allí.

Porque gracias al descubrimiento de mis emociones pude descubrir muchas más cosas que estaban guardadas en mi esperando que les hiciera caso y trabajara con ellas.

Porque es un reto y me encantan los retos.

 

El trabajo que hago en Descubre, con mi coaching VIP y mis programas es a partir de mi propia experiencia, que sé lo mierdosa que se puede sentir la situación y que sé que los conflictos emocionales tienen mucho más detrás que simplemente tomarte una pastilla, untarte una crema o repetir frases aisladamente.

Para mi, la inteligencia emocional no es suficiente, para mi es importante aplicar esa inteligencia en todos los ámbitos de vida y aprender a amarte, respetarte y cuidarte como eres hoy, sin intentar cambiarte o “mejorarte”… se trata de descubrir quién eres y cómo eres, y de eso (que te aseguro es MUY bueno) hacer más… multiplicar lo bueno, lo feliz, lo profundo.

Así que si llegaste hasta aquí, me encanta la idea de pensarte precisamente buscando eso: crear más felicidad, más bondad y más profundidad en tu vida. Espero ser de utilidad en tu camino.

Y con esa intención, Tengo una nueva herramienta que ofrecerte:

Es un taller y se llama “Querido Miedo”, empieza el 12 de junio y va a estar lleno de sorpresas… una de las que no puedo hablar mucho (no quiero adelantarme al podcast) te aviso que vale TODA la pena porque si vives en México (o quieres venir) El viernes te cuento más detalles pero me encantará verte.

¿Te animas? ¿Sientes esa emoción en la panza que te dice que si?

Checa la información en: descubremasdeti.com/queridomiedo
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Cuéntame aquí abajo en los comentarios ¿cómo se comunican contigo tus emociones? ¿cuál es tu historia de “tocar fondo” con ellas? ¿a dónde quieres ir a partir de aquí?

Te mando un abrazo grande, gracias por estar aquí

Firma Lore