Imagina esto:

Un grupo de adolescentes de prepa, mentes ávidas que cuando no se están desgastando las yemas de los dedos texteando, realmente están muy interesadas en hacer algo de sus vidas, con la poca atención de la que son capaces el primer día después de vacaciones…

Hablando de las características de la mente crítica y del pensador crítico y su maestra suelta esta frase célebre:

Niñas: en la vida, así como en Facebook, no se den autolike

Obvio murieron de risa.

Obvio su atención mejoró muchísimo el resto de la clase.

Obvio, la maestra era yo

Y obvio, también me dio mucha risa lo natural que me salió.

Pero hoy quiero compartir contigo de qué se trata esa filosofía.

El autolike.

Cuando empezó Facebook era típico que publicaras algo que te habías encontrado en el muro de alguien más y le dieras like, luego, alguien hizo notar que eso era una estupidez porque era obvio que te gustaba si lo habías compartido (una tendencia de la que muchos aún no se enteran).

En los pensamientos, es similar a lo que yo llamo “estar de acuerdo contigo” y quiere decir que cuando encuentras una solución o una respuesta que te satisface, dejas de pensar, de darle vueltas, de hacerla de abogado del diablo hasta ver la realidad como realmente es y no como tú quieres que sea.

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¿Cómo combatimos el autolike?

Se llama honestidad intelectual.

Para la mayoría de los investigadores este concepto involucra ser totalmente honesto y objetivo con lo que encuentras en tus investigaciones, pero pasándolo a un terreno mucho más tuyo y mío, usaremos el concepto que una de mis brillantes alumnas dio: si honestidad es decir la verdad sin importar qué, entonces:

La honestidad intelectual es aceptar las verdades de las que tu mente se da cuenta sin modificarlas porque no te convienen o no te gustan

#SeValeSobarse

Hace unos meses cuando te pregunte en mi encuesta semestral sobre qué querías que hiciera más contenidos, el primer el primer lugar se lo llevó el tema de emociones, pero seguido muy de cerca estuvo el tema de pensamientos.

Me dio muchísimo gusto leer cosas como “desde que te escucho y ahora que lo pienso, todo se basa en lo que pensamos sobre el mundo”.

Tú sabes que a los pensamientos los mueven nuestras emociones y nuestras acciones, por eso están importante auditarlos con cierta frecuencia. Eres consciente de la importancia que tiene tener pensamientos de calidad.

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Estar de acuerdo contigo es fácil, pero para ser honesta lo que tienes que hacer es cuestionarte si realmente es verdadero y útil. Obvio si tú lo públicas (o lo dices), vas estar de acuerdo contigo misma. Pero nosotras, tú y yo, no podemos ser la medida de lo que es verdadero.

Acabo de darme cuenta de que estoy usando mucho el concepto “verdadero” sin definirlo antes, así que aquí va:

La verdad es la adecuación de la mente a la realidad.

 

No al revés.

(Al menos el concepto que a mi me ha servido para vivir con bienestar es este, el dado por Aristóteles).

Adecuar lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos basándonos en lo que ES, no en lo que nos imaginamos, quisiéramos o desearíamos que fuera.

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“Quiero que me ponga en contacto con la realidad, pero esté preparado para romper la conexión rápidamente”

Uno de los errores más comunes que cometemos al pensar, o mejor dicho al no pensar correctamente es que volvemos nuestro deseo una realidad.

Queremos tanto que algo sea verdad, que nos convencemos y lo torcemos hasta que más o menos encaja con el papel asignado. Algo muy sencillo que puedes repetirte como mantra es:

Acepto la realidad independientemente de que me guste o no

Si no te gusta la puedes cambiar y si te gusta puedes hacer una fiesta pero sólo con la realidad es con lo que puedes trabajar.

Tú decides si esa realidad te gusta o te disgusta o te hace enojar o te quita energía o te da muy buena vibra o lo que tú elijas, lo que no puedes elegir es decidir si esa realidad es verdad o es mentira.

La realidad es, independientemente del observador

La honestidad intelectual implica cuestionarte tus propios pensamientos y estar abierta a que puede ser que tal vez quepa la remota posibilidad de que no tengas todas las respuestas a tu alcance.

Eso, cuando lo sumas a otro par de características de las que estaré hablando muy pronto, hacen magia.

Ahora cuéntame: ¿a qué pensamiento te has aferrado y torcido hasta que pareció realidad? Pista: seguro tiene que ver con un gran descalabro: amoroso, familiar o laboral donde, al final, te diste cuenta de que la realidad era radicalmente distinta. ¿Me cuentas?

Sigue conectada para ver qué  más hace falta para asegurarte una vida más plena en el terreno de los pensamientos.

Te mando besos!

Firma Lore